martes, 22 de mayo de 2007

De Juan Pablo II a los jóvenes chilenos

El 2 de abril de 1987 Juan Pablo II se reunió con los jóvenes chilenos en el Estadio Nacional y les dirigió un discurso que a juicio de muchos es uno de los mejores que dio este Papa durante su pontificado. El contexto en que se dio tanto como los impactos que tuvo- en conjunto con la visita entera del Santo Padre- motivaron la elección de este documento histórico para ser analizado.

Discurso del Papa Juan Pablo II a los jóvenes de Chile

EXPLICAR

Juan Pablo II visitó Chile en abril de 1987. Las condiciones sociales y políticas eran muy particulares. Hacía 14 años que Chile era gobernado por el general Augusto Pinochet, y el país estaba profundamente dividido en sus partidarios y detractores.

Si queremos ir más a fondo, nos encontramos con una tensión que traspasa los límites de nuestro país y se remite al mundo entero, polarizado en las potencias de la Guerra Fría: Estados Unidos y la unión Soviética. El pontificado de Juan Pablo II (1978-2005) se enmarcó en esta Guerra, y el Papa llevó a cabo importantes avances en la solución de conflictos. Tal es la posición que han tomado algunos periodistas, analistas e historiadores, con frases como "Juan Pablo II, vencedor del comunismo". Para otros, su influencia es un mito.

Sin embargo, podemos ver que sí hizo intentos de reconciliar a los pueblos. Esto se ve en los viajes pastorales que realizó (
ver viajes de Juan Pablo II), en sus conversaciones y discursos a los líderes de las naciones, sus mensajes a los dirigentes de la ONU y otros sobre los temas de la guerra y la paz, sus palabras hacia los católicos en países comunistas, etc. Toda la información sobre sus palabras y los documentos de su extenso y fructífero pontificado pueden encontrarse en la Página de la Santa Sede.

Volviendo a la realidad de nuestro país, el hecho de que el Papa visitara Chile en el año 1987 no es azaroso. Inmersos en una realidad como la del gobierno militar fue una gran cosa. El país lo recibió en el júbilo de algunos y las manifestaciones violentas de otros. Por ejemplo, durante la celebración de la Misa en el parque O'Higgins algunos extremistas de izquierda genraron disturbios. El mismo Papa diría que "el amor es más fuerte", lo que se hizo realidad en el resto de su visita. En el fondo, Juan Pablo II se encontró con la división que estaba tan arraigada entre los chilenos.

CONOCER

No basta sólo con leer el discurso para entender varias de las huellas que nos deja este documento. Invito al lector a escuchar este discurso o, mejor aún, a verlo. Quedo en deuda de publicarlo en este espacio, pues por la antigüedad del mismo no lo he podido conseguir en un formato apropiado para este medio.

El discurso del Papa, en semejanza con el resto de sus discursos, se caracterizó por mostrar a un Papa carismático, muy hábil en el manejo de las habilidades comunicativas. Quizá los mejores ejemplos de esto sean sus cambios de intensidad mientras hablaba, los énfasis y repeticiones de frases importantes. Un ejemplo aún más clarificador es lo ocurrido tras las preguntas del Papa:

"¿Verdad que queréis rechazar el ídolo de la riqueza,
la codicia de tener, el consumismo, el dinero fácil?
¿Verdad que queréis
rechazar el ídolo del poder, como dominio sobre los demás, en vez de la actitud
de servicio fraterno, de la cual Jesús dio ejemplo?, ¿verdad?
¿Verdad que
queréis rechazar el ídolo del sexo, del placer, que frena vuestros anhelos de
seguimiento de Cristo por el camino de la cruz que lleva a la vida?"

A ésta última pregunta, entre los asistentes que respondían que sí, algunos grupos respondieron "NO!", tras lo cual el Papa siguió hablando con la misma entereza.

Con respecto al contenido, con fuerza nos dijo "el mundo, que es vuestro, no está muerto, está adormecido", o "¡Jóvenes chilenos: No tengáis miedo de mirarlo a Él!" o sus tan aplaudidas referencias a luchar por la paz y la justicia en el país.

Como en muchas otras oportunidades, el Papa era constantemente interrumpido por aplausos, gritos de adhesión (por ejemplo el acuñado por toda la Iglesia "¡Juan Pablo II, te quiere todo el mundo!") y respuestas de los asistentes.

Las palabras que dirigió fueron en ocasiones fuertes, tajantes afirmaciones sobre la importancia de incluir a Jesucristo en cualquier proyecto de vida personal, social, político. Lo mismo puede decirse sobre la fuerza con que instó a superar los odios y a instaurar la paz en el país, palabras que se repitieron en varios momentos durante el discurso y siempre aplaudidas con fuerza.

INTERPRETAR

Como señalé al principio de la presente publicación, no es fruto del azar que la visita papal a Chile se haya producido en ese contexto político y social. Tampoco lo son sus palabras a los jóvenes reunidos en el Estadio Nacional. Quizá si leyésemos estas palabras sin comprender la situación en que fueron dichas podríamos aplicarlas a otros ámbitos, sin embargo acá tienen una interpretación específica. Me explicaré con un ejemplo.

El Papa hace varias referencias a luchar por la paz y por construir la propia vida con Jesús como centro.

"Si lucháis por llevar a la práctica este
programa de
vida enraizado en la fe y
en el amor a Jesucristo, seréis
capaces de
transformar la sociedad, de construir
un Chile más humano,
más fraterno, más
cristiano."

"Cristo nos está pidiendo que no permanezcamos indiferentes ante la injusticia, que nos comprometamos responsablemente en la construcción de una sociedad más cristiana, una sociedad mejor. Para esto es preciso que alejemos de nuestra vida el odio; que reconozcamos como engañosa, falsa, incompatible con su seguimiento, toda ideología que proclame la violencia y el odio como remedios para conseguir la justicia. El amor vence siempre."

Estas dos frases fueron muy aplaudidas por los asistentes. A ojos de quien no conozca el contexto son frases aplicables a todo tipo de situaciones: el proyecto personal de vida, exigencias de coherencia entre lo que pensamos y hacemos, invitación a ser católicos activos, etc. Sin embargo, para quienes sabemos que esto fue dicho por el Santo Padre en medio del gobierno militar, estas palabras implican un juicio de valor sobre algunos de los excesos que se vieron en ese gobierno.

No es indiferente ser católicos en la sociedad. La Iglesia, tal como lo ha hecho en tantas ocasiones, no se cansará nunca de orientar, guiar a los pueblos hacia Cristo, Camino, Verdad y Vida, sin ningún otro afán que el de mostrarnos cómo ser más felices.